Los No-Nobel

El pasado 10 de diciembre Herta Müller recibio en Estocolmo el Premio Nobel de Literatura 2009. segun eso, la señora (una casi desconocida para muchos) es poeta rumano-alemana.

Cada que se entrega un novel inmediatamente la gente corre a comprar sus libros, el autor se vuelve de culto, y por supuesto ademas del millocito de dolares que a nadie cae mal, gana prestigio internacional. Por ello cada entrega de novel de literatura surge la cueestion ¿se lo merecia? ¿fue buana la decision? ¿no habia nadie mejor?
A este respecto he leido un articulo de El Universal del cual les extraigo el fragmento siguiente con referecia a aquellos escritores que merecian el nobel y nunca lo tuvieron.

Más allá de lo que vagamente dispuso Alfred Nobel, la Academia Sueca estableció los siguientes requisitos para otorgar el premio: el candidato debe tener un legado literario más o menos vasto (mucho mejor si abarca varios géneros) con influencia por lo menos en el ámbito de su lengua y haber creado una “obra magna” que resuma sus preocupaciones, principales líneas temáticas y recursos estilísticos.

También existen otros parámetros, tanto o más importantes que los literarios, que por igual han ungido a ilustres desconocidos que sepultado para siempre las aspiraciones de otros: en su obra y en su vida pública el ganador deberá poseer cierto grado de coherencia ideológica; tendrá que defender la libertad política, artística y de conciencia y reprobar decididamente el autoritarismo.

Los no-Nobeles

Cada que se habla del tema, surgen nombres de escritores cuya calidad literaria provoca un amplio consenso. Son los autores clásicos en cualquier lengua: el ruso Lev Tolstoi, los franceses Marcel Proust y Marguerite Yourcenar, el irlandés James Joyce, el alemán Robert Musil, la inglesa Virginia Woolf y el argentino Jorge Luis Borges bien pudieron ser premiados sin que muchos alzaran las cejas.

Otros escritores han sido muy influyentes en sus respectivas lenguas: el checo-austriaco-alemán Rainer Maria Rilke, los estadounidenses Mark Twain y Henry James, los ingleses D. H. Lawrence, Gilberth Keith Chesterton, Herbert George Wells y George Orwell, el nicaragüense Rubén Darío, el peruano César Vallejo, los españoles Benito Pérez Galdós, Miguel de Unamuno y Antonio Machado, los franceses Paul Valéry y Paul Claudel, el polaco-inglés Joseph Conrad y los griegos Nikos Kazantzakis y Konstantinos Kavafis.

Uno de los criterios que la Academia Sueca ha observado al conceder el premio literario es la corrección política. La ausencia de ésta explica por qué descartaron a algunos autores con sólida obra, pero que abiertamente defendieron una orientación ideológica. Están autores comunistas como los italianos Ítalo Calvino y Cesare Pavese, el argentino Julio Cortázar, el alemán Bertold Brecht, el soviético Vladimir Maiakovski y el francés André Malraux; o los simpatizantes del antisemitismo, como el francés Louis Ferdinand Céline o el estadounidense Ezra Pound.

Tampoco han ganado el reconocimiento el chileno Nicanor Parra, el ruso-estadounidense Vladimir Nabokov, el italiano Alberto Moravia, el austriaco Arthur Schnitzler y los estadounidenses John Dos Passos y Tennessee Williams. Algunos eran parte del ámbito intelectual de los académicos y los ignoraron, como el noruego Henrik Ibsen, el sueco August Strindberg y el ruso Anton Chejov.

Autores cuya obra fue variopinta y lindó con disciplinas como la historia y la filosofía también han sido excluidos del máximo reconocimiento de las letras universales. El italiano Giovanni Papini, el austriaco Stefan Zweig y el inglés Robert Graves son ejemplo de ello.

Los outsiders

No lo han ganado escritores que tuvieron lo marginal como eje de vida y/o de obra. La rebelión, la sexualidad, las drogas, la violencia o el alcoholismo alejaron del Nobel de Literatura al japonés Yukio Mishima, a los ingleses Malcolm Lowry, Dylan Thomas, Aldous Huxley y Anthony Burgess, a los estadounidenses William Burroughs, Jack Kerouac y Allen Ginsberg, a los franceses Jean Genet y Antonin Artaud y al uruguayo Juan Carlos Onetti.

La obra de algunos, ahora clásicos universales, fue conocida mucho tiempo después de su muerte, por lo que de ninguna manera pudieron haber ganado el premio, pese a sus innegables méritos: el checo Franz Kafka y el portugués Fernando Pessoa están en este caso.

También han aparecido autores que han practicado la expresión literaria sin estar propiamente en la materia. Se propuso a periodistas como los estadounidenses Norman Mailer y Truman Capote y al bielorruso-polaco Ryszard Kapuscinski. Y se ha mencionado a críticos, historiadores, teóricos de la literatura e incluso a músicos por contar con letras de alta calidad. Pero tampoco se les ha concedido este reconocimiento.

Entre los latinoamericanos contemporáneos, mucho se ha dicho que el peruano Mario Vargas Llosa y los mexicanos Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco bien podrían merecer el Nobel.

En este recuento de seguro no están todos los que pueden o pudieron haber obtenido el máximo reconocimiento literario, pero sí muchos de los que lo merecen o merecieron.

Como ven bien dicen que para gustos los colores, pero para nobeles, el de literatura, que con este ya cuenta con 10 mujeres y un monton de no-nobeles.

en fin habra que leer a la señora, tal vez me pase como con Pamuk, que es excelente novelista.

hacer cosas como estas con las plumas son las que vuelven cool a los escritores:


Can U Do the Same ?? - The best bloopers are a click away

les debo unan reseña de la FIL con los libros

Oda a una Oda

Yo escribí cinco versos...

Y ninguno fue la mitad de bueno que los de Neruda. Ni siquiera el negro que intento ser verde, aunque el pan si era redondo, fue aplanado por faltar de levadura y la casa, en lugar de levantarse se derrumbo culpando a Poe. No hablemos ya del que debía ser un anillo, pues fue pulsera, collar y collarín para el cuello de amores lastimados.Y el quinto... el quinto por gracia de Dios si fue un relámpago, que chamuscó el carbón de los otros sacando pequeños diamantillos sin valor...

Y así, hombres y mujeres se acercaron, tomaron esa materia inútil por extravagante y se sintieron ricos, escapándoseles el origen que valía, la sencilla materia.

Con esos cristalillos ellos quisieron comprar casas, coches, vidas y sueños que nadie les vendió. Obstinados me exigieron poesías, cuentos, viñetas y usos de mayor calibre y la inspiración agotada me abandonó a mi suerte.

De nada me valió exclamarles nombres, bases, dioses, titanes, eternos cauces donde abrevar, donde conseguir brizna, viento, fulgor, barro, madera y lo indispensable para soñar.

Así llegaron mas lectores, ciegos todos, caminando sin piernas sobre libros de Brown, tapando la luz con sus crepúsculos y lunas nuevas, sin escuchar. Con mil orejas oían el ruido de tantas otras voces cargadas de lo que la masa lee. Se acercaron dudando, preguntando quien se llevo mi queso y bebiendo cántaros de caldo de pollo para un alma que no conoce la piedad.

Tomaron con sus infinitas manos mis libros de Tablada, mis poemarios de Neruda, pisaron los Heraldos Negros que custodiaban mis cerraduras y se sintieron eruditos de una ciencia que hasta Dios desconocía.

Y así erigidos en críticos dictaron que nunca había yo construido nada, que mis paginas eran un crimen contra el marketing y que mis hojas olían a papel viejo y aburrido, a las ropas de hombres muertos tiempo ha.

Sus largas uñas rasgaron mi regazo y me increparon la falta de secretos y Feng Shui, de metafísicas ligth, de filosofías baratas, de consejos inútiles, de vulgaridad, de las cosas que venden me dijeron.

Todos ellos (editores todos ellos), miraron mis murciélagos y abusando de la moda quisieron tomar mi poesía y mostrarla al mundo, con la salvedad de mutilarla toda.

Eso es todo me dijeron, obstinados a quitar títulos, remover palabras, quisieron en su mórbida malignidad censurar el arte de la palabra desnuda, la llenamos de adjetivos me dijeron, le quitamos las vocales, la pintamos de rosa me dijeron, le blanqueamos sus males. Uno a uno, pasaron de lectores a críticos a editores y luego a algo que no supe definir, una masa amorfa que engullía mis textos y los vomitaba a pedazos.

Al negarme a hacer comerciales mis poesías, el gigantesco ente que eran todos ellos, con sus manos mutiladas, con sus uñas largas saliendo de sus ojos cual pestañas, presto a arañar mis textos los tomó, los estrujó y los hizo nada, los dobló sin cuidado y los remojó en el agua que se teñía con el color de mis palabras, se bebió el té y aún sediento fue por el agua de pantano, dejándome solo con mis versos.

No intentaron volver aquellos que en un principio habían jugueteado con mis cristalillos, estaban ocupados comprando lo que creían era amor, sedimentado de casas, fuegos artificiales, autos, joyas, falsos sueños, trémulas risas, otras vidas y someros éxitos, alimentándose de los brillantes que el best seller les daba.

Y perdonará el lector que no continúe con este cuento, pero he decidido llevarme mis canicas y mis cristales sin valor, al amparo de donde se unen en el amor, por la gracia de los grandes, el relámpago y anillo.

Angel Caballero

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