A la Dama de Hierro

En la linea del epistolario que a veces incluyo en este espacio y el cual poco a poco va adquiriendo forma hasta que llegue el día que se vuelva algo publicable, el día de hoy publico en este lugar una pequeña carta para Mina Dumont, a la que se le conoce como la Dama de Hierro, que aunque breve, es un claro ejemplo del estilo de redacción del siglo de oro, rebuscado y barroco, pero muy profundo.
especial atención en la firma, es una joyita.

Mi muy Querida Dama De Hierro,

Me Encuentro Bien, no gracias a Dios pero con su anuencia, creía yo que amores habían entrado ya en su vida, sorprende la revelación de que este sea el primero, fortuna vivir la fuerza del primero amor, y desventura sufrirlo, pero es parte de la madurez del ser y vos debe consentirlo una y otra vez hasta que sea el momento.

a mi, pues me ha ido, esa gigantesca hidra que eran mis amores pasados se le han ido secando y cayendo las cabezas, aunque cada vez que una caiga salgan tres mas en su lugar lo cual no es poco.

que si por amar a todas no ame a ninguna, si, que si por amar a alguna no ame a la que debía, tal vez también, que si alguna me amo hasta después de que muriera lo nuestro, eso es seguro, y que si en alguna vive latente un amor que no ha podido dar los frutos que debiera y me gustara, es algo por lo que ruego a la fortuna.

por lo pronto, tengo ya algunos meses en una relación estable(situación que algunos antiguos amores no han podido soportar, y de los cuales vos debe conocer por lo menos a uno), creedme que también he visto sufrir sin remordimiento en ese eterno estira y afloja de los enamoramientos y pasiones vanas, y también he tenido la agradable oportunidad de destrozar corazones que decían no creerse enamorados.

todo se paga, ley karmica universal que se aplica para aquellos que quieran acatarla, no deje vos que la fortuna os cobre mi estimada chiquilla, vos estáis en un nivel superior (si se desea) a toda congoja humana, dejad que vuestro espíritu sea libre y no penséis en ataduras del destino.

en resumen, dejad que paguen otros por vos.

 
Se Despide Sire Ángel Caballero, futuro innominado de un pactar no escrito y por cuyas fuerzas pende la tribulación de un hecho consumado en el acontecer remoto de lo que la lógica dicta y el corazón escancia de cuyos modos disimula el que bien resguarda a quien en su pecho lleva el palpitar de una pequeña dama.

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